jueves, 8 de abril de 2010

DIARIO DE UN POETA MENDIGO



DIARIO DE UN POETA MENDIGO

Mi nombre es Ernesto y tengo treinta y dos años. Hace casi un año ya que vivo en la calle. Mi refugio de cada noche puede ser un cajero, el portal de una vieja casa, incluso a veces el verano pasado estuve en una casa abandonada en las afueras de la ciudad.
Me paso el dia sentado en una esquina, esperando a que algun ser de buena voluntad me regale alguna moneda para poder comer y beber aunque sea poco, pero necesito sobrevivir.
Mi historia es la historia de un fracaso.
Con veinte años conoci a la mujer de mi vida. Nos enamoramos y en un mes nos fuimos a vivir juntos. Ambos estudiabamos en la universidad. Queriamos ser abogados y montar un bufete. En cinco años nos sacamos el titulo y despues opositamos. Todo nos salió perfecto. Era una vida feliz. Ana y yo estabamos muy enamorados, muy entregados el uno al otro. Asi al fin y con ayuda de los padres de Ana y nuestros ahorros, nos compramos el local para poner el bufete. Desgraciadamente yo soy huerfano de nacimiento y creci con una familia de acogida que me trató superbien. Fueron unos padres adorables pero cuando yo tenia diecisiete años murieron en un accidente y me quede en la mas absoluta miseria psicologica.
Logré salir y segui estudiando porque mis padres querian que fuese algo en la vida. Y asi fue como decidi ser abogado.
Ana y yo pusimos un bufete en el centro de una gran ciudad. Eramos expertos en divorcios, y nos iba muy bien. Con veintiseis años teniamos la vida resuelta. Ganabamos mucho dinero y no nos faltaba de nada. Al poco tiempo comenzo a trabajar con nosotros un amigo de la universidad que tambien era abogado. Mi amigo Ricardo, que nos pidio trabajo porque no tenia medios para ponerse por su cuenta y nosotros le abrimos las puertas de par en par, las de nuestro bufete e incluso las de nuestra casa. Quien nos iba a decir que nos iba a traicionar de la forma que lo hizo.
Una mañana despues de un fin de semana en la montaña, nos levantamos, y Ana se sintio indispuesta. Tenia fuertes dolores en la espalda, y pensamos que era una lumbalgia sin importancia, asique fuimos a trabajar, pero segun avanzaba la mañana Ana se iba encontrando peor. Los dolores no se le calmaban con el ibuprofeno y cada vez la dolia mas y mas, por lo que decidimos irnos a urgencias.
En urgencias la hicieron radiografias, analisis de sangre, la metieron en el tac, y nos pasaron a la sala a esperar.
Al cabo de una media hora nos llamaron, y nos dieron la fatal noticia. Ana tenia un tumor maligno que se la habia corrido por todo el cuerpo, y solo la quedaban unas tres semanas de vida. Fue un palo fortisimo. Ni siquiera la aconsejaron radiarse porque no tenia remedio. La ingresaron en ese mismo momento y alli se quedo hasta que en menos de dos semanas expiró. Yo no podia creerlo. no me separe de ella ni un momento hasta que se fué. Incluso tuvimos tiempo de despedirnos. Aquello fue horroroso para mi. No podia soportar tanto dolor.
Estuve meses sin salir de casa, llorando como un niño e implorandole a Dios que me llevase con ella, pero no me escuchó.
Ricardo venia a casa cada dia para ver como estaba. El era quien llevaba el bufete como podia, ya que yo no tenia fuerzas para nada. El me animó a que fuese a trabajar y asi podria ir sanando esa herida que tenia en el pecho y que aun no se me ha curado... cada dia se desgarra mas y mas...
Pero al fin me animé y segui en el bufete con Ricardo. Con 30 años me veia como u anciano que ya no puede mas pero intenté seguir.
Estuvimos un año trabajando juntos y ganando muchisimo dinero. Nuestro negocio iba viento en popa. Yo dejé toda la contabilidad a Ricardo porque no tenia casi tiempo entre los viajes al juzgado, los juicios etc, estaba de trabajo hasta arriba. Ricardo se quedaba siempre en el despacho arreglando papeles y llevando las cuentas. El dejaba en mi mesa todo lo que habia que firmar y yo lo firmaba. Jamas mire lo que firmaba porque me fiaba de Ricardo.
Hace unos catorce meses me llega a casa una citacion del juzgado. Me parecia una equivocacion. Parece ser que yo habia firmado un aval de doscientos cincuenta mil euros a Ricardo y el no lo habia pagado, con lo cual, si no pagaba en menos de una semana me embargarian mi casa, mi bufete y mi cuenta corriente. En un primer momento pense que era una equivocacion pero cuando llegue al juzgado y vi todas las pruebas me quede atonito. No podia pensar, no podia ser que mi amigo.. mi gran amigo que habia estado conmigo durante la enfermedad de Ana, que me habia animado a seguir trabajando me hubiese hecho esto, pero ahi estaba yo... desgraciado de mi, recorde que yo firmaba todo lo que Ricardo me ponia en la mesa. A pesar de ser abogado no pude hacer nada, ya que mi firma estaba estampada en un papel y era mi palabra contra la de Ricardo. En un cara a cara con el, tuvo la desverguenza de decirme a la cara que yo le habia firmado el aval y que le habia dicho que no se preocupara que si el no podia pagar, lo haria yo.... Dios mio, me hundi mas y mas. Primero Ana y ahora esto. Estaba solo, no podia contar con nadie. Ni siquiera los padres de Ana podian ayudarme. Ambos estaban muy enfermos en una residencia y no les dije nada de lo que me ocurria.
Total, que asi fue como me embargaron todo lo que tenia y me quede en la calle. Recogi mis cosas y las cargué en el coche, que gracias a Dios estaba a nombre de mi suegro aun. Era el coche de Ana, y comence a dormir en el coche, y con el poco dinero que me quedó fui pasando los dias, hasta que se me terminó y me vi en la obligacion de pedir limosna. Una noche estaba durmiendo y escuché mucho ruido fuera en la calle. Eran cinco chicos bastante bebidos que estaban dando golpes en las lunas de los escaparates. Sali del coche y les increpé. Entonces entre todos me dieron una brutal paliza mientras me quemaban el coche, que hasta ese dia era mi casa. La paliza me dejó sin conocimiento, y cuando desperte, estaba en el hospital. Me dijeron que el coche estaba destrozado, que habia estallado el motor pocos minutos despues de que me sacaran de alli, que estaba vivo de milagro. Yo pense que ojala Dios hubiese permitido que me fuera con Ana pero parece ser que ese no era aun mi destino.
Estuve ingresado una semana hasta que me dieron el alta. Sali a la calle con lo puesto, ropa que me dieron en el hospital de otra persona que ya no la necesitaba.
Cuando me vi en la calle con el cielo como techo y el suelo como lecho, me hundi mas y mas. Ahora si que llegaba lo peor. No sabia que iba a hacer. Los dias pasaban duramente pidiendo limosna, y con las pocas monedas me compraba algun bocadillo y algun refresco. Ni siquiera podia fumar, no tenia dinero para tabaco, y a veces recogia colillas del suelo para fumarmelas y asi mitigar la ansiedad que tenia.
Por las noches duermo en cajeros, en portales, en callejuelas solitarias...
Como dije, el verano pasado estuve durmiendo y viviendo en una vieja casa abandonada en las afueras de la ciudad, es el mejor lugar que he encontrado despues de mi coche.
No me olvido de Ana y no he vuelto a saber de Ricardo desde que me entere que vivia a todo lujo en un chalet en las afueras de Madrid y todo a mi costa.
He empezado a escribir poemas de amor para Ana. A ella jamas la escribi ninguno en vida, pero ahora que estoy solo y hundido me ayuda a hacer esta vida mas llevadera.
A veces, en un ciber que hay cerca de uno de los cajeros en los que duermo, me suelen dar algo de comer y me imprimen los poemas que escribo. Cuando me siento a mendigar, leo los poemas y la gente se detiene a escucharme, y me deja algunas monedas pero es tan triste estar solo... La gente pasa, escucha y se va. Parece que les da verguenza hablar con un mendigo que lo que mas necesita en estos momentos es un abrazo de cariño, una palabra de consuelo... pero....

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